Novela Romántica.

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En 2016 llega el erotismo hecho novela: LIBERTIN

  Hola chicas. Y chicos!! 
Aprovechando el despiste de mi creador, he decidido pasarme por aquí a saludaros. Tengo muchas ganas de que conozcáis mi historia. No es porque sea yo, pero aviso que es muy intensa.

Soy Luke, por cierto. Luke Meyer. Un chico californiano que ahora vive en Nueva York con mi adorada prima Megan. 

Me gustaría poder contaros el motivo por el que dejamos Los Ángeles, pero si lo hago, mi creador es capaz de quitarme lo que más me gusta hacer. Y sin eso no creo que pudiese vivir. Hablo del placer. Del sexo. 

Estáis invitados a conocer mi vida. Y, también, a compartir mi cama, apta para varios acompañantes. Sí, sí. Chicas y chicos. Todos sois bienvenidos. 

Os dejo, por el pasillo se acerca alguien que ha captado mi total atención. Es la persona más atractiva que he visto en mi vida. Quiero poseerla salvajemente. No solo me excita, también despierta otro tipo de sentimientos que desconozco. No sé qué me está haciendo.

Espero que nos veamos pronto. 

Besos perversos. 

Luke Meyer.

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FanFic Crepúsculo

Hola a todos!!!!!

Por si no lo sabíais, soy un gran graaaannn admirador de la saga Crepúsculo y se me ocurrió escribir una escena, un fanfic, para celebrar los 10 años de esta maravillosa historia. Deseo que os guste y comentéis si ha sido así.

La escena que he escrito es sobre la primera parte de la saga. ¿Recordáis cuando Edward quiere cambiarse de clase para no estar con Bella? Siempre he imaginado que pasaba cuando él se iba tan enfadado de allí.

Pues bien, aquí tenéis la escena bajo la visión de Edward Cullen, según mi humilde punto de vista.

 

(En homenaje a Stephenie Meyer y los 10 años de la Saga)

Abandoné la perturbadora oficina de administración cabreado por no poder cambiarme de clase, furioso por mi incomprensible e inesperada debilidad, y rabioso por el poder que esa humana ejercía sobre mí; un poder que jamás había experimentado y estaba a punto de volverme completamente loco y salvaje. Peligroso. Casi lo consiguió en la clase de biología; ni yo mismo sé de dónde saqué tantas fuerzas para no abalanzarme sobre ella delante del resto de alumnos y satisfacer mi mayor y único deseo.

Corrí por los pasillos del instituto lo más rápido y humanamente posible para salir al exterior y, después, en un segundo ya estaba dentro de mi Volvo haciéndolo rugir. Sin más espera y sin tiempo a pensar o recapacitar y volver a por ella, atravesé el aparcamiento del instituto como si de una pista de rally se tratase.

Si no había forma alguna de cambiarme de clase, dejaría el instituto. No podía… No debía volver a estar tan cerca de ella. Puede que incluso tuviera que irme de Forks, de Washinton, de Estados Unidos para dejar de percibirla. Tenía su delicioso aroma incrustado en mis fosas nasales, desesperándome por momentos, haciéndose cada vez más y más intenso, como si ella viajara en la parte trasera del coche. Miré por el retrovisor para confirmar que no era así y tensé la mandíbula, maldiciendo porque no fuera así.

La música estallaba por los altavoces con el propósito de relajar a la mayor de las bestias. Algo inútil. Discurría por las calles de Forks a una velocidad superior a la permitida, pero me daba igual. Necesitaba alejarme y calmarme, o arrancaría el volante de cuajo.

Pulsé un botón en el salpicadero y aguardé con la poca fuerza de voluntad que me quedaba. La música se cortó en el momento en que él contestó:

–Dime, Edward.

–¡Carlisle! –grité alarmado al bluetooth del coche–. ¡Necesito que vayas a casa, ahora!

–¿Qué ocurre, hijo? –preguntó preocupado.

–No… No puedo… –gruñí atormentado y pisé el acelerador a fondo, cuando cruce la salida del pueblo.

–Voy ahora mismo –murmuró apresurado y colgó.

La música volvió a explotar por los altavoces y rugí con intensidad, notando en mi garganta el ardor de la descomunal sed de sangre que tenía. No iba a poder soportarla ahora que sabía que existía, o acabaría desquiciado.

Con ese pensamiento invadiendo mi alterada cabeza, empecé a reducir velocidad, dispuesto a regresar a por la humana. Necesitaba hacerlo.

«Ya voy, Edward. Sea lo que sea lo que te pase, lo solucionaremos. He avisado a tus hermanos»

Escuchar en mi cabeza la preocupación de mi padre adoptivo, quien había dado todo por mí, consiguió enderezar ligeramente mi parte salvaje. Sabía que no duraría mucho, lo justo para llegar a casa, por eso aceleré de nuevo el Volvo.

Ni siquiera me preocupé de parar el motor cuando llegué y entré en casa como un relámpago.

Esme, que me esperaba fuera, lo hizo detrás de mí.

¿Qué pasa, Edward? –preguntó, deteniéndose en un extremo del salón con semblante preocupado–. Ha llamado Carlisle para avisarme que venías hacia aquí y él también.

Es… En clase… –balbuceé turbado, cruzando el amplio salón de un lado a otro, con las manos en la cabeza.

«Nos han descubierto»

¡No! –gruñí a su pensamiento–. Pero casi…

Las imágenes torturaban mi cabeza, incrementando mi sed; imágenes de ella entrando en clase, cohibida y algo azorada, ruborizando su pálida piel; imágenes de ese trasto inútil de ventilador agitando su cabellera y esparciendo con ferocidad su exquisito aroma por todo el aula; imágenes de sus confusos y temerosos ojos almendrados clavándose en mí…

Carlisle llegó como una fuerte ventolera y se colocó junto a su esposa, ambos observándome extrañados e inquietos.

Cuéntame, Edward –pidió él.

Me detuve y los miré con auténtico terror.

Deseo… –rugí con la poca voz que lograba atravesar intacta ese fuego de mi garganta–, fervientemente… cada gota… de su sangre.

Los dos se miraron y después, de nuevo a mí.

¿De quién hablamos? –siguió preguntando.

¡De la nueva! –grité encolerizado y agitando el brazo con desprecio. Lo único que no sentía por ella.

Eres fuerte. Podrás superarlo, como has hecho siempre.

Esto no –negué con la voz rota–. Es diferente.

¿Cómo de diferente? –curioseó Esme.

Es única –aseguré a la vez que los miraba.

Mira dónde estás, hijo –comentó Carlisle–. En casa. Viniste y la dejaste allí. Te controlaste.

No voy a poder soportarlo mucho más. Quiero ir a por ella.

Carlisle dio un paso adelante con los brazos abiertos en señal de tranquilidad, justo en el momento en que los demás llegaban.

¿Qué ocurre? ¿Por qué tanta urgencia? –preguntó Alice, que observaba la escena igual de confusa que el resto.

Edward está un poco alterado –explicó Carlisle sin dejar de vigilarme.

Apreté los dientes con todas mis fuerzas, al igual que los puños, y sonreí de pura rabia. Alterado no era ni mínimamente comparable a cómo me sentía.

Miré hacia los grandes ventanales del salón, desde donde se veía la inmensidad del bosque, y pensé en atravesar el cristal.

Emmett –indicó nuestro padre adoptivo y éste se interpuso en la trayectoria que había pensado.

Mi hermano, a parte de grande, era el más fuerte de la familia, pero mi don de leer mentes y predecir sus movimientos era la mejor habilidad para luchar contra él.

«No dejaré que pases, hermanito»

Su sonrisa me confirmó que haría hasta lo imposible por conseguirlo. Incluso deseaba que lo intentara; podía ver las ganas que tenía de golpear a alguien con el piano.

Edward –habló Carlisle a pocos pasos de mí–. Confiamos en ti y sabemos que no harías nada en contra de tus principios.

Pues no deberíais confiar tanto.

Esquivé a mi padre lo más rápido que pude y corrí hacia la barrera familiar que formaban Esme, Alice, Jasper y Rosalie, en dirección a la puerta. En mi mente solo la tenía a ella; solo la olía a ella; solo escuchaba sus acelerados latidos. Puede que ése fuera el motivo por el que no estuve atento a Alice, la única que podía descubrir mis planes, y no pude anticiparme lo suficiente. Ella se interpuso en mi veloz trayectoria y me golpeó a la par que yo a ella, saliendo disparados cada uno en una dirección. Yo caí sobre la mesa de cristal del salón, haciéndola añicos, y para cuando quise darme cuenta, Emmett y Carlisle me sujetaban por los brazos, y Esme y Rosalie por las piernas. Me agité y revolví intentando zafarme de ellos, pero eran demasiados.

¡No sabéis lo duro que esto! –les grité con los ojos a punto de salir de sus órbitas.

¡Jasper, te necesitamos aquí! –lo llamó Carlisle.

Éste dejó a una aturdida Alice y se colocó sobre mí, con las manos presionando mi pecho. Su don para calmar hizo efecto enseguida y, aliviado, pude dejar de sufrir.

Tiene una lucha muy fuerte en su interior –explicó Jasper, que no cesó en utilizar sus artes para controlarme.

Él la superará –confió Carlisle.

¿Y si no puede? –planteó Rosalie–. ¿Y si la sed es más fuerte que la poca humanidad que le queda?

Tengo que irme –contesté adormilado, captando la atención de toda mi familia adoptiva–. Me iré a Alaska.

Estoy seguro que si sale de caza…

Deja que vaya –interrumpió Alice a Carlisle, colocándose de pie a su lado.

Todos entendieron lo que yo vi en la mente de mi hermana preferida: Alaska me haría bien.

De acuerdo –aceptó Carlisle–. Jasper y Emmett irán con él hasta la frontera.

Sus voces mentales me aturdían con un mismo pensamiento. Cada uno de ellos temía no verme más.

Rosalie y Esme fueron a preparar una maleta rápida mientras el resto me llevaba al Jeep de Emmett. En mi cabeza continuaba ese deseo irrefrenable por la humana, aunque gracias a Jasper, con menos intensidad.

Alice… –comencé a hablar cuando me metieron en el coche.

Sé que lo sientes –sonrió ella–. El regalo que me traerás de Alaska lo solucionará todo.

Sonreí con ella y me hice a un lado, para dejar sitio a Jasper.

Emmett salió disparado con el Jeep en cuanto las chicas metieron mi mochila en el maletero. Atrás dejaba mi hogar y mi familia. Sentía que los había decepcionado, sobre todo a Carlisle. Y todo por ella; por Isabella; por Bella.

Para Stephenie y los fans de la saga, con cariño y admiración

Olivier Moon 😉

crepúsculo cullen.jpg

Los números de 2015

Buenos días!!!

Aunque el 2015 ha estado flojo el blog, quiero agradeceros las visitas, las lecturas y los comentarios. Me alegra enormemente que queráis a Amber tanto como yo, y espero que el 2016 traiga la resolución a su historia. Espero que sigáis visitándome y disfrutando con los líos de Amber jajaja

Muchisimas gracias. Thankyou so much!!

Os deseo unas felices fiestas y que emprendáis el año nuevo con ilusión, deseos y sueños por cumplir.

FELIZ AÑO NUEVO!!! HAPPY NEW YEAR!!

Aqui debajo os dejo un resumen del 2015 que WordPress me brinda como regalo. Me encanta!!

 

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 25.000 veces en 2015. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 9 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

Nueva Novela

Buenas noches, blogfamily!!!!!

Sé que estáis esperando nuevo capítulo de Amber y creedme cuando os digo, que yo también. Debido a mi trabajo, a mi falta de inspiración y a la siguiente noticia que os voy a dar, no ha podido ser, pero espero que de ahora mismo en adelante, mis musas vuelvan a la carga y me ayuden a continuar con la historia de nuestra querida y adorada Amber.

Hace pocos días salió a la venta la reedición de una de mis novelas, gracias a la editorial LXL!!!

Escribí EL PACTO DE LA SIRENA hará un par de años y, sin menospreciar al resto, es una de mis novelas favoritas. Hoy, quiero compartir con todos vosotros mi felicidad porque las y los lectores del mundo puedan disfrutar de esta bella historia de amor, otra vez. Espero que os guste tanto como mis otras novelas. Gracias!!!!

El pacto de la Sirena, a la venta en plataforma Amazon

el pacto de la sirena portada

SUEÑO DE VERANO

Pequeño relato, para pasar el rato. Que lo disfrutéis!!! 😉

SUEÑO DE VERANO.

Observo, casi hipnotizado, el girar de las aspas del ventilador. Su función apenas se cumple y retiro, por sexta vez consecutiva, el sudor de mi frente.

Observo la playa de aguas turquesas que hay a mi derecha y a la tía buena de escueto biquini que camina por ella, sonriente y muy seductora. No puedo evitarlo; yo también sonrío. Y babeo. Siempre me pasa; cada vez que miro ese póster de Pirelli.

Después gruño y me cabreo cuando regreso a la realidad de la oficina, donde la única tía que hay en la planta es la secretaria del jefe y queda muy, muy lejos, de la modelo del póster.

Las aspas del ventilador siguen girando, los teclados siguen sonando y los teléfonos incordiando. Ignoro la luz roja que parpadea en el mío y continúo mirando a Vanesa.

Es una polvorilla que corre por los pasillos subida a unos mini tacones. Me hace gracia porque no quiere impresionar, al menos con su físico, y cargada de carpetas cruza el pasillo central, de norte a sur, sin apenas posar su diminuto trasero en la silla. No le gusta llamar la atención y mucho menos ser el centro. Está aquí por su valía; eso no lo duda nadie. Y el jefe es demasiado viejo como para que ella caiga rendida a sus pies. No, ella no.

Mis ojos pasan de Vanesa a la modelo de Pirelli, y ya no sonrío. Ni babeo. Es una verdadera lástima que para que te miren y admiren debas ir casi en pelotas y estar muy follable. ¿Acaso esa modelo, de la cual no sé ni el nombre, vale más que Vanesa? Definitivamente no. Incluso puede que valga menos.

Vanesa se acerca a mi mesa y frunce la boca cuando me pilla mirando el póster de mi compañero de cubículo.

-Límpiate las babas, anda.

La miro de arriba abajo con detenimiento, traspasando su fina blusa color ocre y su faldita blanca de tubo.

-Es sudor. Estoy caliente.

Sus mejillas se tornan rojizas al captar la indirecta.

-Mañana a estas horas te encontraras en la playa.

-Y además acompañado por una tía más buena que la del póster.

Vanesa agita la cabeza, deja una carpeta en mi mesa y camina acelerada hasta la suya. Tras tomar asiento, rebusca entre los cajones y, sabedora de que sigo mirándola, me enseña un escueto biquini amarillo y verde, exactamente igual al de la modelo del póster. Sonrío perverso ante lo pícara que puede llegar a ser y sé que, tras mi estancia en el Caribe con ella, su póster presidirá mi mesa.

con cariño… Olivier Moon

romance-extremo

En antena con Amber #EACA

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#YoEstoyEnLineaConAmber #YoEstoyEnAntenaConAmber

TODOS EN LÍNEA Y EN ANTENA CON AMBER!!!!!! 😘😘En el aire con Amber

En línea con AG… Entrevista a Álvaro Ganuza.

Entrevista en el blog Letras, Libros y Lecturas con Arthe. Échale un ojo!!!!

En antena con Amber. Cap 1

CAPÍTULO 1

 

Mis jadeos son cada vez más seguidos…

Mi piel está perlada en sudor…

Mis mofletes están rojos y mis labios secos…

Mis pulsaciones suben a cada segundo…

Mi cuerpo emite calor por cada poro de piel…

Y Leona Lewis me dice al oído, que todo mejorará con el tiempo… que no hay nada que el tiempo no cure.

Mantengo la vista clavada al frente y no pienso en nada. Tan solo observo la pequeña pantalla donde emiten las noticias, mientras tarareo la canción y mis zapatillas pisan con fuerza la cinta de correr.

Cojo la botella de Aquarius del porta-bebidas y le doy un necesitado sorbo. Después cojo la toalla y me seco las gotas de sudor que afloran en mi frente, sin dejar de ejercitar.

Llevo casi tres meses viniendo al gimnasio, los mismos que estoy sin relaciones íntimas, por decirlo finamente, y necesito descargar toda esa energía “pélvica” que se acumula en mi interior.

Cuando noto que ha desaparecido y que estoy más relajada, pulso los mandos de la máquina para que descienda de velocidad, hasta terminar andando tranquilamente conforme inspiro y espiro de manera regular. Vuelvo a coger la toalla y me seco cara, cuello, brazos y parte de abdomen, que deja a la vista este escueto top deportivo rojo.

Un chico surge al lado de mi cinta de correr y me sonríe. Es el típico chulo de gimnasio: guapo, cachas y que viene al gym a ligar en vez de a ejercitarse. Comienza a hablarme y me quito los auriculares de las orejas.

-¿Perdón?- le digo.

-Te decía que vaya paliza te has dado. Dos horas corriendo no las hace todo el mundo.

¿Dos horas?

Miro la pantalla de la cinta y efectivamente, llevo dos horas corriendo. ¿Cómo es posible que no me haya dado ni cuenta? O lo que es más importante, ¿cómo sabe él que llevo dos horas?

-No me había enterado.- murmuro.

Detengo la máquina y recojo mis cosas.

-¿Puedo invitarte a un batido proteínico?

Sonrío falsamente al chulo-gym, que se apoya en la máquina para mostrar sus trabajados bíceps, y bajo de la cinta.

-Lo siento, pero conmigo pierdes el tiempo.

Me echo la toalla al cuello y, dando pequeños sorbitos a mi bebida, me voy al vestuario.

 

Entro en casa y cierro la puerta.

-¡Ya estoy aquí!- aviso.

Cuelgo el abrigo y la bufanda en la percha del recibidor, y cruzo el salón hacia mi cuarto. Dejo la mochila del gimnasio sobre la cama y continúo el camino, hasta el taller de Rachel.

No le gusta mucho que la molesten cuando está dentro, dice que pierde su conexión artística. ¿No es tierno ver lo loca que está?

Golpeo dos veces en la puerta de la tercera habitación y abro. Lo primero que recibo es el olor a arcilla y pintura.

-Hola, nena, ya he llegado.- saludo.

Rachel está sentada en un taburete de madera frente a su mesa de trabajo, con una bata que en su día fue blanca y ahora luce todos los colores del arco iris, un largo pincel sujetando el moño de su cabeza, otro pincel cruzado entre los dientes y un tercero en la mano, que desliza lentamente por una bella figura de barro.

-Hum.- gruñe sin mirarme.

Sonrío y me acerco. Me encanta verla en acción.

Rachel siempre ha tenido un don especial para el arte y aunque ahora esté más centrada en trabajar la arcilla, desde muy pequeña ha dibujado magníficamente bien. Es una lástima que no pudiera hacer carrera.

La figura que está pintando son de un hombre y una mujer que no se miran, que cada uno proyecta su cuerpo en una dirección distinta, pero que están agarrados de la mano. Ambos pintados en tonos grises, salvo las manos enlazadas y parte de los brazos, a los que sí está dando color. Como si el tocarse les diera vida.

-Es preciosa.- admiro su trabajo.

Rach se quita el pincel de la boca y me mira.

-¿Sí? ¿Te gusta? La he titulado: El renacer de los amantes.

-Me encanta.

-Espero que a Growdler también le guste. Mañana viene a ver todo.

Observo la habitación que usa como taller: las obras que hay repartidas por todos lados incluso en el suelo, los dibujos colgados de la pared que usa como bocetos, el horno donde cuece la arcilla, el amplio armario lleno de materiales…

-Seguro que le gustan.

James Growdler es el cliente que contactó con ella cuando vino a verme a Bos… a aquél lugar que prefiero no recordar. Lo he visto en un par de ocasiones y la verdad, me pone un poco la carne de gallina. Es un hombre maduro, yo calculo que rondará los 50, tiene un pelo negro azabache y una perilla a juego, viste muy elegante, es educado, culto… y tiene unos bellísimos ojos verdes. Creía que los más bonitos que había visto eran los de mi amiga, pero los de este hombre, casi casi la superan.

Lo que me pone la carne de gallina, respecto a su comportamiento, es la forma en que mira a Rachel. He visto un brillo especial en sus ojos.

Mi amiga se gira hacia mí en su taburete.

-Estoy nerviosa, me ha dicho que le gustaría ser mi mecenas y proveerme de todo lo que necesite.

-¿En serio?- alucino.- ¿Y tú que le has contestado?

-Pues que es una responsabilidad muy grande para él, que no tiene porqué hacerla.

Asiento conforme. Desde hace un tiempo ya no me fío de las ofertas, por muy bonitas que te las pinten.

-Pero ha insistido.- añade.- Me ha dicho que quiere ayudarme en todo lo que pueda. Entonces le he contestado que me lo pensaré.

No he hablado con ella sobre mis pensamientos, pero creo que igual ya va siendo hora.

-¡Aiiiisss!- suspira agobiada.- La verdad es que me vendría muy bien. Dejaría de pedirte dinero y parece un hombre que entiende de arte. Creo que sería de ayuda.

-Sabes que te doy el dinero encantada.- le digo.

-Lo sé, pero yo no lo acepto así. Soy un lastre, prácticamente pagas tú el alquiler del piso y yo… Voy a decirle que sí.

Mi piel se eriza.

-¿Estás segura? ¿Y si no es de fiar?

Rachel pone los ojos en blanco y vuelve a trabajar en su obra.

-Sé que te hicieron daño, cariño, pero créeme cuando te digo que hay gente sin dobleces, sin dos caras. Sé que Growdler es un buen hombre y sé que es de fiar.

Resoplo, conteniendo los mil argumentos que podría darle para que no se fiara tanto. Pero está decidida y yo, como buena amiga, debo apoyarla… y vigilar al señor Growdler.

Me inclino y le doy un beso en la cabeza.

-Voy a hacer la cena, no tardes.

-Vale.

Encamino mis pasos hacia la salida de la habitación/taller, pero me detengo de golpe, al ver algo que remueve mi interior cual centrifugado de una lavadora. Es el calendario de los bomberos de Boston, Rachel lo tiene colgado tras la puerta. Apenas faltan unos días para cambiar de hoja… y la siguiente es la de Tyler.

 

Sentada a los pies de mi cama, termino de anudarme los cordones de las Converse rojas; me incorporo, alzo el rostro al techo y suspiro. Después miro por encima del hombro a la mesilla izquierda y veo el osito bombero de peluche.

-Vamos, Amber, espabila de una vez.- me insuflo ánimos.

Me doy unos leves tortazos y termino de arreglarme.

Tres meses desde que regresé de Boston. Tres meses desde que mi corazón se rompió y todavía no ha sanado. Tres meses en los que mi vida ha dado un cambio radical. Tres meses sin citas. Tres meses sin sexo. Tres meses sin Brett.

Martha y Jeremy son lo mejor que me he llevado de allí. Con ella hablo cada dos semanas más o menos, y nos contamos cosas. Hablamos de todo, menos de lo que pasó en Boston. Tampoco mencionamos a Tyler. Solo sé que está bien y con eso me conformo. Me apena mucho como terminaron las cosas, pero… tuvo que ser así.

Con Rachel también habla a menudo porque, desde que recibió las macetas que luce orgullosa en su bello porche floral, las vecinas no hacen más que preguntarla dónde las ha comprado. Martha promociona a mi amiga, y a mi amiga le crecen los pedidos.

Salgo del cuarto, tras recoger mi bolso negro tamaño Mary Poppins, y entro al baño. Analizo profundamente la imagen que me devuelve el espejo del lavabo, mientras escucho a mi amiga canturrear Womanizer de fondo. Esa canción de Britney Spears que nos da fuerzas desde hace un tiempo y se ha convertido en nuestro grito de guerra contra los hombres. Desde que mi querida Rach descubrió a Bruce con otra y entró en el club de los corazones rotos. ¡Menudo gilipollas! Aunque yo agradezco haber cortado toda relación con nuestros vecinos del primero.

Cepillo varias veces mi larga melena castaña y me hago una coleta. Tengo el pelo larguísimo y debería cortármelo. ¿No dicen que las mujeres cambiamos de look cuando sufrimos una ruptura sentimental? ¡Me estoy cargando las estadísticas!

Me lavo los dientes y cuando dejo el cepillo de nuevo en su sitio, observo mi preciado gloss rosa chillón, abandonado en un rincón del lavabo entre el resto de cosméticos. Lo cojo y lo observo.

-Hace tiempo que no te uso, ¿verdad?- musito.

Suspiro sonriente al darme cuenta que le estoy hablando a un pintalabios y vuelvo a mirarme en el espejo. Me encojo de hombros, desenrosco el tapón y tras extraer el largo pincel y escurrir parte del producto en el cuello del estrecho tubo, lo deslizo por mis labios en una suave y lenta pasada. Solo una, sin remarcar mucho el color. Tras dejarlo en su sitio, salgo y voy a la cocina.

Apoyada en el marco de la puerta, observo a Rachel recoger y limpiar después de nuestra cena.

-Ya me voy, nena.- le aviso.

Rachel se gira con un plato seco en las manos y se echa su melena morena a la espalda. ¡Otra que se está cargando las estadísticas!

-Cualquiera que te vea pensará que vas a jugar con los Mariners, en vez de ir a la radio.

Estallo en carcajadas y me abrazo a mi misma, envuelta en la amplia sudadera azul oscura, de grandes letras blancas “Seattle Mariners” en el centro, equipo de béisbol de la ciudad.

-Es cómoda y abriga.- me escudo.

-Te tapas.- murmura, dejando el plato en el armario.- De hecho, lo llevas haciendo desde que regresaste. Como si quisieras que ningún tío te mirara.

Frunzo el ceño y bajo la vista a mis vaqueros y la sudadera, que me cuelga cubriendo el culo.

Mi querida amiga se acerca y me agarra del mentón para que levante el rostro y la mire.

-Dejemos el luto de lado.- musita.- Somos jóvenes y no podemos pasarnos los días lamentándonos por el pasado.

Asiento, pero continúo con el entrecejo arrugado.

-Mírate.- sonríe ampliamente.- Si hasta te has pintado los labios.

Sonrío sin poder evitarlo y niego con la cabeza.

-Solo un poco.

-Paso a paso.- dice ella.- Al menos has dejado de maquillarte con un par de pellizcos en los mofletes.

Vuelvo a reír y Rachel se une a mí.

-Me voy, que sino llegaré tarde.

Le doy un beso en la mejilla y marcho hacia la salida.

-¡Amber!- me llama y viene detrás.

-¿Dime?- me vuelvo, agarrada a la puerta.

Llega hasta mí dando saltitos como una colegiala.

-¿Por qué no salimos esta noche?

Arqueo las cejas sorprendida.

-Cuando vuelvas de la radio, claro.- añade.- Tengo ganas. Hace mucho que no lo hacemos y llevo tantas semanas estresada, que ahora mismo es lo que necesito.

Contraigo el morro y me apoyo contra la puerta.

-No sé.- musito.- No tengo ganas, la verdad.

-Por fa.- suplica y pone morritos.

-Cuando llegue, lo que menos me apetecerá será vestirme para salir.

-Por fi.- insiste, juntando las manos y enterneciendo el gesto.

Resoplo y sonrío.

-Está bien.- acepto.

Rachel grita y salta de alegría.

-Pero solo una copa rápida.- adjudico, señalándola con el dedo.

-Te prepararé la ropa para cuando llegues.

-Miedo me da.

Salgo de casa y de camino al ascensor, escucho el grito de celebración de la loca de mi amiga. No puedo evitar sonreír.

El ascensor se detiene en el primer piso y al otro lado de las puertas aparecen Austin con una chica rubia pegada a él.

¡Vaya por Dios!

Me hago a un lado de la pequeña cabina y ellos entran.

-Hola.- saluda mi vecino.

-Hola.- respondo por cortesía, pero ni siquiera lo miro.

Cuando llegué de Boston y le pedí disculpas, intenté crear un vínculo de amistad con él. Solo amistad. Más que nada porque mi amiga salía con su amigo y tarde o temprano tendríamos que vernos. Cuando pasó lo que pasó entre Rach y el mamón de Bruce, se acabó todo. Ambos entendimos que ya no había motivo para relacionarnos.

Doy un paso al frente y pulso el botón de cerrar las puertas, antes de que me dé por salir y bajar el último piso a pie.

La parejita sigue abrazada y a ella parece que no le da ningún reparo que haya alguien más en el ascensor, para meterle mano. Todavía recuerdo cuando era él quien se cernía así sobre mí, con su pelo rubio ceniza y su barba de semana y media.

-Para un poco.- le reprende Austin en un murmullo.

El ascensor vuelve a detenerse y salgo rauda de allí, cuando las puertas apenas se han abierto. De hecho, lo hago de canto.

-Adiós, Amber.

Hago oídos sordos y sigo mi camino hacia la calle.

 

La línea 41 me deja a una manzana del trabajo y nada más bajar el par de escalones del autobús, me cubro la cabeza con la capucha de la sudadera, abrazo el bolso y corro en su dirección, debido al fino aguacero que ha empezado a caer. A Seattle se le conoce como “La ciudad de la lluvia”, que dicho sea de paso, no es precisamente de las más lluviosas.

Cuando doblo la esquina y veo el edificio de la doble K-ST, me detengo y lo observo. Todavía me cuesta creer que trabaje ahí, en un programa semanal de bastante éxito.

El primer día que me detuve aquí, mis piernas temblaban como si estuvieran bailando salsa. Hice lo mismo que hago en este momento: contemplar el bloque de cuatro plantas en ladrillo caravista, la enorme antena de telecomunicaciones que hay en la azotea y el generoso letrero rojo luminoso “KK-ST”, que por las noches se ilumina intensamente. También ojeé los grandes letreros publicitarios de los programas: informativos, deportivos, culturales, etcétera etcétera… Y el de “Marthina te aconseja”, coronando la fachada de la programación.

Venía a reunirme con el productor de dicho programa, Paris Doyl, ante esa locura de propuesta para participar en el programa de radio. Y nerviosa, me acerqué.

No era la mejor época para pasar por una entrevista, una prueba o lo que fuera que tendría que pasar. Hacía una semana que Brett me había dicho: “no quiero volver a verte”, y mi estado de ánimo, junto con mi autoestima, estaba por los suelos.

Solo pensar sus palabras, allí tumbado en la camilla, herido y semiinconsciente… Volvían a destrozarme el corazón y el alma. Hoy en día me siguen doliendo, más de lo que me gustaría.

El edificio constaba con una pequeña zona de aparcamiento en la delantera, imaginaba que para empleados. Ahora sé que es así. Lo recorrí nerviosa y con la respiración tan agitada como el corazón; mirando el bloque de cuatro plantas que cada vez se iba haciendo más y más grande, según me acercaba. El sol del atardecer le daba un toque anaranjado fuego y me dio la sensación que me dirigía al mismísimo infierno. Y justo cuando ese pensamiento rondaba mi alocada cabeza, una moto pasó por mi lado a toda velocidad, rugiendo como si el mismo satanás me gruñiera al oído, lo que provocó que gritara asustada y me apartara hacia la derecha, empotrándome contra la parte trasera de un Prius gris.

Todavía me duele la cadera, no digo más.

-¡Gilipollas!- le grité dolorida.

El tipejo detuvo su… ¿qué moto era esa? ¿Una Harley? Es la única marca que sé. La aparcó en la esquina del edificio, pasó la pierna por encima para bajarse, se soltó la chupa negra y se quitó el casco a juego, para mover la cabeza veloz y agitar su pelo negro, tan largo que casi le llegaba a los hombros.

Seguía apoyada en el Prius, frotándome la cadera, cuando vi que el tipejo… ¿qué años tendría? pasaba los 35, fijo; se dirigía a la entrada de la radio. Antes de acceder, se giró hacia mí y levantó la mano en señal de disculpa. ¿Mi respuesta? Mostrarle el dedo corazón. Y bien alto para que lo viera.

Cuando desapareció en el interior, retomé mi camino. Llegué a la entrada, crucé las puertas de cristal y acero, y atravesé unas segundas que se abrían automáticas. Lo primero que me sorprendió fue tener que pasar por un arco, detector de armas, custodiado por dos hombres de seguridad. Pasé un poco acojonada, para qué mentir, aunque no lleve armas, ¡que por supuesto es así!, pero siempre me da por pensar que estos cacharros van a pitar a mi paso. Como cuando voy al súper y temo que esos paneles piten, al detectar algún código todavía imantado.

Los hombres de seguridad me saludaron con un leve movimiento de cabeza y continué andando hacia el amplio mostrador de recepción, atendido por dos chicas, la verdad, bastante monas. Vestían muy casual, muy de calle, muy de… cojo lo primero que vea al abrir el armario y punto. Vamos, que trabajan en la recepción de una empresa de telecomunicaciones, como podrían hacerlo tras el mostrador de una tienda. Pero son monas.

-Buenas tardes.- las saludé.- Vengo a reunirme con el señor Doyl.

La rubia de pelo rizado se apoyó en el mostrador y tras mascar un par de veces su chicle, me sonrió.

-¿Cómo te llamas?

-Amber.- contesté y miré de refilón a la pelirroja, que no hacía más que ordenar papeles.- Amber Phoenix.

-Un momento.- dijo la rubia.

Se sentó en su silla alta y tecleó en el ordenador mientras mascaba chicle y hacía globos.

¡Madre mía!

-Ajam.- murmuró la chica.- Aquí me sales, Amber. Puedes subir, planta 3.

-Gracias.

-Ascensores, por allí.- dijo señalando a la izquierda.

Asentí, según me apartaba del mostrador.

La recepción no era muy grande y el hecho de ser tan oscura, la hacía más pequeña. Apenas había unas plantas, seguramente de plástico, repartidas por las esquinas; una escalera de cristal, luminosa, que ascendía a los pisos superiores como si subieras al mismísimo cielo estelar; y varios discos de oro y platino colgados en las paredes. Eso fue lo que más me impactó, algunos eran de grandes grupos musicales… ¡y estaban firmados!

Cuando llegué al par de ascensores, pulsé el botón y accedí a uno de ellos. Me agarré al pasamos del interior, pensando que si lo soltaba, seguramente saldría corriendo de esta locura.

Una puerta se abrió frente a los ascensores y surgió el tipo de la moto, subiéndose la cremallera del pantalón y casi haciendo malabares con el casco.

-¡Espera, sujeta la puerta!- me gritó.

Sonreí, di un paso al frente y pulsé el botón de… cerrar. El chico corrió, pero solo llegó a tiempo de verme sonreír y decirle adiós con los dedos de una mano. Para el corte de mangas ya no tuvo tiempo.

Reí vengativa, me di la vuelta y comprobé mi imagen en la pared espejada: vaqueros, camiseta lila de Banana Republic, chaqueta roja de piel sintética y el pelo suelto. Pasable.

Cuando el ascensor se detuvo y salí, abrí los ojos como platos al ver el ajetreo de personas que había allí. Iban de un lado a otro, entraban y salían de salas, corrían por los pasillos sorteando al resto de personas, algunos cargados de papeles… Era como un mundo alocado y estresante.

-¡Oh, sí!

Miré a mi derecha, hacia el gemido que había escuchado, y vi a un grupo de chicas, algunas sentadas en sillas de plástico, pero todas mirando un papel.

-¡Sí!- seguía gimiendo la más cercana a mí mientras movía su pelo castaño con la mano libre.- Cómo me gusta este champú. Qué fresco y relajante…

-¡A ver!- gritó una mujer acercándose a ellas.- ¡Las chicas para el casting, que vengan conmigo!

Todas corrieron hacia ella como si quién llegara primero, se llevaba el trabajo. La mujer les indicó el pasillo que debían seguir y después me vio.

-¿Vienes al casting?- me preguntó.

-No, yo…

La mujer se dio la vuelta y siguió al jolgorio de chicas.

-Gracias.- murmuré alucinada.

Di un paso al frente y me detuve en el acto, cuando un carro bajo metálico se cruzó en mi camino.

-Cuidado, preciosa, que te pillo.

El chico pasó de largo con el correo, no sin antes ojearme de arriba abajo.

Exhalé con fuerza, me coloqué bien el bolso al hombro y me encaminé decidida hacia el par de chicos que tenía frente a mí, hablando junto a las máquinas expendedoras y bebiendo algo.

-Disculpad.- dije y sonreí falsamente.- ¿Alguno puede decirme como encontrar a Paris Doyl?

-Ahí lo tienes.- indicó uno de ellos con la cabeza.

Me di la vuelta y vi al tipejo de la moto saliendo del segundo ascensor. ¡No puede ser! ¿Él? Al verme, frunció el ceño y vino hacia mí.

-Gracias por retener el ascensor.- dijo nada más detenerse a mi lado.- Has sido muy amable.

-¿Paris Doyl?- pregunté, haciendo caso omiso a su sarcasmo.

El tipejo se irguió arqueando las cejas, quizá sorprendido de que le conociera. Tenía un atractivo… salvaje, sí, esa es la definición exacta. Un mentón duro, con su barbita de varios días, unos ojos grises peligrosos enmarcados por unas afiladas cejas negras, como las alas de un águila real, y unos labios gruesos muy atrayentes, pero que seguro ocultaban las fauces de una bestia. Si a todo eso le sumabas la melena morena despeinada, dabas con el tipo de chico malote que a tantas y tantas chicas gustaba. Quizá en otra época…

-Soy Amber Phoenix.- le dije.- La chica con la que has quedado y casi atropellas en el parking.

El frescor del agua me espabila y tras agitar la cabeza para volver al presente, corro hacia las puertas de la doble K-ST.

 

Leona Lewis – Better in time. https://www.youtube.com/watch?v=HmEI-X9CD5Y

 

Britney Spears – Womanizer. https://www.youtube.com/watch?v=IkaEsRAs_mM

En antena con Amber. Prólogo.

PRÓLOGO

 

Entro a mi habitación envuelta en una toalla y me dirijo al armario, en busca de ropa limpia. Lo primero que veo al abrirlo, es el dichoso vestido de la boda guardado en una funda de plástico. Cierro los ojos y me llevo las manos al abdomen. Solo ha pasado una semana desde que llegué de Boston y cada vez que recuerdo…

-¡A la mierda!- gruño.

Cojo la percha con el vestido y lo coloco al fondo, en un rincón donde no lo vea cada vez que quiera vestirme. Resoplo y sigo buscando algo que ponerme.

El teléfono de casa suena y corro hasta la mesilla.

-¿Sí? ¿Dígame?- contesto.

-¿Amber Phoenix?- pregunta una voz masculina.

-Sí, soy yo.

-Hola, Amber, mi nombre es Paris Doyl y soy productor del programa de radio, Marthina te aconseja, en la doble K-ST. Verás, estos días he escuchado tus llamadas y… quiero ofrecerte un puesto en el programa.

-¡¿Cómo?!- exclamo.

-Creo que tienes talento para los consejos, tu voz es bonita y pienso que formarías un gran equipo con Marthina.

-Emm… ¿esto es una broma o algo parecido?

-No, no.- ríe Paris.- Me gustaría que te pasaras mañana por la radio y hacerte una prueba.

-Pero… pero…- carraspeo y me siento en la cama.- Yo no sé hacer radio, no sé nada de ese mundo.

-¿Puedes hablar? ¿Puedes dar consejos? Entonces eres lo que busco.

-Escuche señor…

-Paris, llámame Paris.

-Escucha, Paris, yo me dedico a la hostelería y creo que no funcionaría en la radio.

-Pruébalo, no te niegues.- me tienta.- Si no te gusta lo podrás dejar sin problemas.

-¿Cómo has conseguido mi teléfono?

-Las llamadas quedan registradas en la centralita.- contesta.- Y la línea está a tu nombre. ¿Qué me dices, Amber? ¿Te animas a probar?

Me paso la mano por el pelo húmedo y resoplo. Ahora que ya no tengo En línea con Amber, dispongo de mucho tiempo libre y necesito ingresos.

-Está bien.- acepto, aunque no muy convencida.- Hacer algo nuevo no me vendrá nada mal.

UN REGRESO ESPERADO!

Buenoooo… ¿la echabais de menos?

Después de un veranito de merecido descanso… Amber está de vuelta!!!!! 

¿Qué le deparará esta temporada a nuestra querida amiga? 

Bien, no quiero torturaos. Aquí os dejo un pequeño resumen de cómo será… EN ANTENA CON AMBER!!!

-Un jefe acosador… que intentará constantemente meterse en las bragas de Amber.

-Un funeral… que trastornará las vidas de las amigas.

-Una madre anticuada… que desesperará a nuestra querida Amber.

-Un ex plasta… que no captará las indirectas.

-Un novio a la fuga… porque las decisiones precipitadas nunca son buenas.

-Un admirador secreto… que provocará emociones en Amber.

-Una visita muy caliente… y muy inesperada.

-Un reencuentro no tan casual… que cambiará la vida de la protagonista.

Espero y deseo que con este breve esquema, os hayan entrado unas inmensas ganas de leer EN ANTENA CON AMBER. Muy pronto estará de vuelta!!! En unos días!!! 🙂

 

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